Una cosmogonía en cinco movimientos
1. The Guardian, The Mother, The Storm
El comienzo no se conforma con ser una introducción atmosférica. En menos de seis minutos presenta la materia primordial de la saga: las serpientes anteriores al tiempo, el nacimiento del Primer Planeta, las primeras deidades y la guerra que terminará fragmentando el cosmos. Musicalmente funciona como declaración de principios: guitarras intrincadas, batería con empuje, alternancia vocal y una orquestación que no busca suavizar el death metal, sino ampliar su escala.
La clave está en que la épica no aparece como un barniz colocado encima del riff. El contraste entre voces limpias y extremas, los cambios de intensidad y el espacio sinfónico representan fuerzas distintas dentro del relato. El tema se comporta como un prólogo cinematográfico, pero conserva suficiente peso rítmico para no convertirse en una narración incidental.
2. Murdeity
Con 10:20, la canción titular es el centro físico y conceptual del EP. Aquí nace el semidiós: producto del Sol y la Luna, del poder y la fuerza, pero también del odio y la tristeza. La extensión permite que la banda se mueva entre pasajes más contenidos, aceleraciones, voces femeninas, secciones de mayor oscuridad y una épica que evita resolverse demasiado pronto.
Es también el punto donde reaparece la imagen que más personalidad da al universo del grupo: el jinete de antiguas ballenas cósmicas. Lo que en nuestro artículo anterior podía parecer una excentricidad visual se vuelve aquí una herramienta narrativa. El héroe no cabalga hacia un reino intacto, sino que atraviesa restos de mundos. La aventura nace después del apocalipsis, no antes.
3. Final Journey
El tercer corte desplaza el relato desde el nacimiento hacia el viaje. Murdeity cruza el Reino de los Sin Estrellas, cadáveres de astros, oscuridad, olvido y una muerte congelada antes de enfrentarse a las Primeras Diosas. Es el capítulo más claramente liminal del EP: ya no estamos en la creación ni todavía en la batalla final, sino en el espacio de tránsito entre ambas.
Ese carácter intermedio se refleja en una composición que arranca con mayor contención y gana densidad hasta apoyarse en guitarras pesadas, batería poderosa y el juego entre dos registros vocales. El tema avanza como una marcha por un paisaje muerto. No busca el estribillo inmediato; construye la sensación de recorrido.
4. Goldensun
Después de tres piezas muy cargadas de exposición narrativa, Goldensun cumple una función necesaria: concentra la identidad de Murdeity en una forma más directa. En las crónicas de directo ya aparecía como uno de sus temas más eficaces, con entrada brusca, alternancia vocal, cambios de ritmo y un desarrollo grandioso que acaba empujando hacia un final explosivo.
Es probablemente la mejor puerta de entrada para quien necesite primero la canción y después el mapa mitológico. Tiene el tamaño épico del resto del EP, pero sus contrastes son más inmediatos. El título, además, recupera la herencia solar del protagonista sin volver a contar toda la cosmogonía desde el principio.
5. Mankind’s Last Stand
El cierre baja la escala desde dioses, lunas y planetas hasta la última resistencia humana. Es una decisión importante: después de construir un universo gigantesco, Murdeity termina recordando quién paga el precio de las guerras divinas. El tema alterna secciones rápidas y momentos más pesados, deja respirar el bajo y remata el EP con energía antes que con solemnidad funeraria.
Más que cerrar todos los interrogantes, concluye la primera entrega. La humanidad permanece dentro de una guerra que comenzó mucho antes de su existencia, mientras el asesino de deidades se convierte en la posibilidad —no necesariamente luminosa— de romper el ciclo.
Lo mejor: una identidad que no depende solo del género
Murdeity trabaja dentro de coordenadas reconocibles: death metal melódico, metal sinfónico, guitarras de filiación nórdica, voces extremas y limpias, coros y programación orquestal. Quien venga de Wintersun, Children of Bodom o de la vertiente más narrativa de Dethklok encontrará puntos de entrada evidentes. Pero el mérito de The Rise of Murdeity está en que esas referencias no agotan la escucha.
La banda ha entendido algo que muchos proyectos de metal épico olvidan: una identidad no se construye acumulando dragones, nombres impronunciables y capas de teclado. Se construye repitiendo símbolos, asignándoles funciones y haciendo que cada canción añada una pieza al mundo. El Sol no es solo una imagen heroica; es sacrificio y herencia. La Luna no es solo misterio; es fertilidad, pérdida y cuerpo petrificado. La Tormenta no es una metáfora genérica; es el nombre de una guerra eterna. Las ballenas no están en la portada porque queden bien: permiten viajar entre eras destruidas.
También hay una voluntad de directo. La alternancia de voces, los cambios de dinámica y los coros están pensados para que la narración pueda sostenerse sobre un escenario, no únicamente en unos auriculares. Esa combinación entre relato elaborado y respuesta física es uno de los puntos fuertes del grupo.
Una saga construida por entregas
Que tres de los cinco cortes se conocieran antes del lanzamiento no resta fuerza al EP: forma parte de su propuesta. Murdeity ha ido publicando capítulos, símbolos y desplazamientos narrativos antes de reunirlos bajo una arquitectura común. Cada single abrió una zona del mapa; The Rise of Murdeity revela por fin cómo se conectaban.
La gracia está precisamente en que el proyecto haya crecido poco a poco sin sonar rígido, acartonado ni convertido en una suma de parches. La secuencia concede un nuevo sentido a las piezas conocidas, los dos temas inéditos completan el arco y el conjunto mantiene una producción y una ambición compositiva poco habituales para una primera entrega. Más que corregir una dispersión previa, el EP convierte esa expansión progresiva en método artístico: el universo se presenta del mismo modo en que fue descubierto, fragmento a fragmento.
La densidad del relato también exige entrar en su juego. No es música diseñada para escuchar treinta segundos, reconocer un estribillo y pasar al siguiente lanzamiento. Hay temas largos, nombres propios, voces que representan personajes y una cronología que puede resultar excesiva para quien solo busque inmediatez. Precisamente por eso Goldensun y Mankind’s Last Stand son importantes: abren ventanas más directas dentro de una obra muy cargada de mundo.
De Torrelavega al primer planeta
Dentro de la escena cántabra, Murdeity ocupa un lugar reconocible. No solo por su mezcla de death melódico y sinfonismo, sino porque ha desarrollado una iconografía propia antes incluso de contar con una discografía extensa. En una escena pequeña, donde muchas bandas deben demostrar su existencia concierto a concierto, levantar un universo coherente es una forma de escapar del encasillamiento local sin renunciar al lugar del que se parte.
The Rise of Murdeity no es una obra perfecta ni pretende esconder su carácter de primer capítulo. Es el momento en que años de directos, singles, narraciones y símbolos dejan de parecer materiales preliminares. La cosmogonía ya tiene una casa sonora. A partir de aquí, la banda no necesita demostrar que posee un mundo: necesita seguir descubriendo qué historias caben dentro de él.
Veredicto de La GuardillaUn debut ambicioso, coherente y profundamente identitario: más importante por el mundo que consolida que por la cantidad de canciones que contiene.
Créditos principales del EP: Armando Herreros (batería y voz limpia en el primer corte), Iván «Tyrant» Trueba Alonso (guitarras, voces limpias y composición), Ernesto «Rey Oscuro» Bueno González (guitarras), Álvaro Lavín Vacas (voces) y Arturo «Braingrinder» García López (voces, bajo, programación, letras y arreglos). Participan Vero y Kitiara en voces femeninas. Gerardo Liaño firma producción, grabación, ingeniería, mezcla y masterización; Arturo García López, la producción artística y el artwork.
La primera saga ya está completa.Escucha el EP en orden: aquí la secuencia importa tanto como cada canción.
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